lunes, 27 de mayo de 2013

¿Qué pasa con mi vida sexual si tengo cáncer?





La sexualidad en las personas con cáncer es un tema poco estudiado y casi no se aborda en los consultorios por considerarla un aspecto secundario o por ser un tema tabú, por lo que es común escuchar frases como: “es malo pensar en el sexo cuando debo concentrarme en sanar” o “me da mucha pena preguntarle al doctor si puedo tener relaciones sexuales”, sin embargo, existe un gran porcentaje de cambios y alteraciones en la vida sexual originados por la enfermedad, los tratamientos y factores psicológicos secundarios a la enfermedad.

     La mayoría de las personas que enfrentan un cáncer, pierden la capacidad del disfrute sexual en algún momento de la enfermedad, ya sea de manera transitoria o incluso permanente, impactando de manera significativa a la persona y su pareja. Los cambios más usuales en la sexualidad son la interrupción de la actividad sexual, la pérdida del deseo, dolor al tener relaciones sexuales, dificultades para lograr y mantener una erección, incapacidad de eyacular y de alcanzar un orgasmo.

     Se han determinado factores físicos que influyen en la respuesta sexual, por ejemplo; el cansancio, el dolor y los distintos tratamientos como la cirugía, quimioterapia, radioterapia y tratamientos hormonales, pueden tener un impacto físico directo en el deseo y la respuesta sexual. En el caso de la quimioterapia, en mujeres puede originar problemas en la menstruación y acelerar el proceso de la menopausia, en varones hay una disminución de líquido seminal. 

     En cuanto a la radioterapia dirigida a la zona de la pelvis y diseminada a los genitales disminuye el deseo sexual, genera dificultades para obtener una erección y dolor al eyacular en los hombres, en las mujeres puede producir dolor al tener relaciones sexuales, menor lubricación, sangrado e irritación.

     Entre los factores psicológicos se encuentran: los síntomas depresivos y ansiosos, los cambios en la imagen corporal que repercuten en el autoconcepto, la autoestima y la sexualidad, por ejemplo; las mujeres que son sometidas a una cirugía en dónde pierden el seno o la pérdida del cabello como efecto adverso de la quimioterapia. También interviene el estrés originado por las relaciones interpersonales que de alguna forma cambian en el transcurso de le enfermedad “mejor no salgo con mis amigos, pueden reírse de mi aspecto”.

     En algunos casos la comunicación y la relación en pareja puede intensificarse o deteriorarse, en casos extremos se da el abandono del esposo a la mujer, cuando ésta atraviesa por la enfermedad y los tratamientos. En esta situación se recomienda abrir canales de comunicación con la pareja y evitar las malas interpretaciones.

     Recuerdo el caso de una pareja en donde la mujer pensaba que su marido ya no la veía sensual debido a que había perdido el seno y por consiguiente ya no se acercaba a ella, sin embargo, el esposo no sabía cómo aproximarse a su mujer y temía lastimarla. 

     Es evidente que la pareja necesita tiempo para elaborar su nueva realidad en la intimidad, sobre todo en los casos en dónde la relación sexual no se recomienda médicamente y cuándo es físicamente imposible; una comunicación abierta, caricias y contacto físico pueden ayudar.

   Las personas jóvenes se encuentran en mayor riesgo de presentar afectaciones en la función sexual, debido a que aún no tienen un concepto firme tanto de sí mismas como de su sexualidad, así mismo las que no tienen pareja ya que se sienten inseguras y ven difícil el encontrar un compañero adecuado. Se ha determinado además que las parejas que tienen menos tiempo juntas son más vulnerables a presentar mayor estrés en el funcionamiento sexual.

     Es importante saber que en muchos casos los cambios en la función sexual, originados tanto por el cáncer como por sus tratamientos, pueden restablecerse y se puede lograr una sexualidad confortable. Sí para usted este tema es significativo, se sugiere preguntar abiertamente a su médico sin tapujos para que éste clarifique y explique tanto a su compañero como a usted las posibles causas de sus cambios sexuales, así como técnicas para tratarlo, el médico también puede derivarlo a un especialista.  

    Existen tanto técnicas médicas como psicológicas que pueden ayudarle. Lo primordial es establecer una comunicación adecuada tanto con su médico como con su pareja.

*Fotografía: Roselia Chaca

miércoles, 15 de mayo de 2013

Indígenas con cáncer, los más vulnerables a la desinformación médica




 I
La información médica un derecho.

La comunicación entre médico y paciente es un proceso fundamental que influirá de una manera determinante en la adaptación a la enfermedad y al apego a los tratamientos.

La información médica es un derecho del paciente que está fundamentado en los Artículos 29 y 30 del Reglamento de la Ley General de Salud en materia de prestación de servicios de atención médica, que a la letra dice: “La paciente o el paciente o en su caso el responsable, tienen derecho a que el médico tratante les brinde información completa, clara, oportuna y veraz sobre su diagnóstico, pronóstico y tratamiento…”.

Sin embargo, en el mundo de la oncología, aunque existen avances y se informa cada vez más al paciente de manera empática sobre su enfermedad, en ocasiones los médicos no brindan información suficiente y clara, intentando proteger al paciente del dolor que puede generar un diagnóstico de cáncer.

Otras veces es la misma familia quien pide que se le oculte la información al paciente, utilizando argumentos como: “No queremos que sufra. La noticia lo va deprimir. Es mejor que no sepa, etc.”

En un principio la noticia puede ser atemorizante para la persona, sin embargo, más a mediano plazo la información acerca de su enfermedad y tratamientos aumenta la satisfacción, favorece la adherencia al tratamiento, fomenta la toma de decisiones compartidas, mejora su adaptación a la realidad y su calidad de vida.

Sin embargo es importante aclarar que cada paciente tiene derecho a decidir hasta dónde quiere ser informado y hasta dónde quiere saber acerca de su enfermedad, por lo que es de suma importancia entablar una comunicación abierta entre el paciente y el médico. 

La desinformación médica se favorece más en pacientes que no conocen sus derechos, un ejemplo claro es la población indígena, monolingüe, con bajo nivel educativo y económico, que no entiende su enfermedad, percibiendo el mundo médico como atemorizante, colocándolo en una posición de alta vulnerabilidad.

En México un porcentaje importante de los pacientes con cáncer son indígenas y poseen las características anteriores, en estos casos desafortunadamente la relación médico-paciente no siempre es la ideal.

Cómo especialista en Psicooncología en México,  he detectado que para lograr una mejor adaptación a la enfermedad y a los tratamientos, una de las principales barreras en esta población es la poca información y la relación médico –paciente.

Con respecto al trato médico, éste en ocasiones considera que el paciente no entenderá sus explicaciones por tener un bajo nivel educativo y ser monolingüe (quien generalmente traduce es un familiar), por lo que la información que brinda suele ser “pobre”. 

En algunos casos el médico asume el papel de juez, culpabilizando al paciente por haber acudido tardíamente a consulta en estado avanzado de la enfermedad, sin tomar en cuenta que esta falta de participación preventiva se debe también a fallas en el mismo sistema de salud.

En esto podemos especificar que el sistema preventivo no ha sido del todo sensible para detectar las necesidades de esta población como: la dificultad en el acceso a los estudios preventivos, la falta de recursos para transportarse, aspectos culturales (vergüenza de exponer el cuerpo a un médico, la cosmovisión) y los mitos alrededor del cáncer.

A eso hay que agregar que en el sistema de salud el tiempo de consulta es muy breve y el paciente no se atreve a plantear sus dudas, pues percibe al especialista como una figura de autoridad. 

II
Recomendaciones


Es evidente que el sector indígena con cáncer es altamente vulnerable y requiere una mejor atención.

Se sugiere sensibilizar a la población médica de las necesidades específicas de este grupo para lograr una mejor relación médico paciente, lo cual generará una mayor colaboración y un menor sufrimiento de este último.

Es importante tomar en cuenta la necesidad evidente de contar con traductores en lenguas indígenas en los centros oncológicos, particularmente en la consulta donde se explicará la naturaleza de la enfermedad y las características de los tratamientos que requerirá. Esto ayudará a generar confianza en el paciente al sentirse comprendido en su lengua materna.

Hay que tomar en cuenta que la relación médico paciente es un proceso en el cual se recomienda ir monitoreando las necesidades y dudas de cada paciente, se sugiere que el especialista se asegure de que la información brindada sea correctamente interpretada.

Finalmente no hay que olvidar que el paciente es un ser humano que sufre y no por su condición de indígena merece una mala atención médica, puesto que se caería en una actitud discriminatoria.